16 may 2013

Inhóspito

Hoy ha sido un día...largo, extremadamente largo y duro.
No ayuda este maldito dolor de barriga que me dobla en dos y que no cesa.
Pasar la noche medio en vela por no encontrar una postura en la que poder conseguir descansar, despertarte y encontrarte la casa vacía, pero de un vacío extraño, vacío de calor humano.
Todos se encontraban en el hospital a excepción de mi hermana que estaba en el cole.
Me he vestido mentalizándome de ir a ver a mi madre el hospital, repitiéndome que todo iría bien, que estaría bien.
Odio los hospitales. Me parecen eso: Inhóspitos.
La única noticia buena por la que puedes ir allí es algún nacimiento. Repito, la única. Y para mi parecer es increíble que algo bueno pueda ocurrir en ese lugar. ¿Cómo puede suceder una muerte y un nacimiento en el mismo lugar? Qué irónico.
Siempre me parece ir algo deprisa con el coche, pero de camino al hospital, el camino se me hacía eterno, parecía que no iba a llegar nunca. Ni siquiera la música parecía sonar igual, apenas hacía caso. Solo quería una cosa, llegar a ese maldito lugar.
Las horas se te hacen eternas sentadas en esas comodísimas sillas, nótese la ironía. 
Me vuelvo especialmente insoportable en ese lugar. Tiene un efecto increíble en mí. Todo me molesta, todo me incordia. Nada me sienta bien.
La comida es poco más que repugnante, y las caras largas de los demás no ayudan. Todo tiene un aspecto distante, frío..
La espera sigue haciéndose eterna, e insoportable. No sé nada de mi madre y ya han pasado demasiadas horas.
Empieza a llover con fuerza. Joder, si cuando conducía hasta el hospital me moría de calor, como puede ser? 
Veo las nubes negras, y no para de tronar. Recuerdo en ese instante que mi madre tiene miedo a las tormentas, y una vez más vuelvo a preocuparme por ella. ¿Los estará oyendo desde donde esté?
Graniza y golpea con fuerza las ventanas del hospital. Si estaría ahí fuera me golpearían la cara, como si de bofetadas me estuviesen dando.
Bajo a la cafetería aun sabiendo que tengo que elegir con cuidado lo que tomo. Hay helados, patatas, y todo un sin fin de cosas prohibidas para mi en mi estado.
Desecho la idea de tomarme algo y decido subir de nuevo a la sala de espera. Pero una señora ligeramente angustiada me interrumpe los pensamientos y me pide ayuda. No es capaz de usar la cabina y tiene que llamar a un numero para comunicar una mala noticia. Sin pensarlo dos veces la ayudo y espero hasta que veo que puede hablar por fin con la persona que deseaba. En ese instante sale otra mujer llorando, partiéndome el alma con ese dolor que no quiere más que salir al exterior. 
Sigo intentando decirme mentalmente que todo va a ir bien.
Subo y por fin hay buenas noticias, todo ha ido bien y si expulsa la anestesia antes de las 10, vuelve de nuevo a casa.
Como no sé si eso pasará pronto o no, decido coger el coche y regresar a casa, pasando antes a recoger a mi hermana. Mi niña. Mi gran esperanza.
Logro por fin volver a verla tras mas de 24 horas. Viene corriendo hacia mi con los brazos abiertos y esa sonrisa tan encantadora. Cuando quiero darme cuenta ya la estoy estrechando entre mis brazos. Ya la tengo por fin de nuevo conmigo.
La llevo a casa, la ayudo con sus tareas del cole mientras escucho atentamente que tal le ha ido el día. Le preparo la cena mientras pongo sus dibujos favoritos en la tele, y cuando termina de cenar, le concedo el privilegio de estar en el sofá viendo un poco más la tele, porque recuerdo lo que me encantaba mi poder quedarme un poquito más. Al ratito, me doy cuenta de que se ha quedado frita. Se ha dormido con una sonrisa dibujada en su cara. Solo ella es capaz de embobarme así. La llevo en brazos a la cama, la acuesto, y por si acaso pongo sus dibujos allí, por si se despierta no se vea sola sin mamá al lado.
Pero no han pasado 15 minutos cuando veo que mamá vuelve a casa. Por fin, mamá. Ha sido un día largo y necesitaba tu presencia por casa. Todo empieza a funcionar mejor, salvo mi dolor de barriga, que empeora por jodidos momentos.
Veo la gente que se ha molestado en hablarme, para ver que tal todo. Gente esperada, y gente que no tanto.
Me alegran todas y cada una de ellas. 
Pero hay una que no. Lo sabía pero no ha preguntado nada. Aún así le hablo. Sé que no soy tan importante como lo es para mí, pero no puedo exigir que eso cambie.
Dura conversación que me deja aplacada.
Si supera cuanta falta me hace. Pero parece no darse cuenta. Intento no tenérselo en cuenta, tiene cosas más importantes seguro. Aunque quisiera, seguro que tampoco podría.
Millones de pensamientos me cruzan por la mente.
No puedo evitarlo.
No quiero ser como los hospitales.. tan.. inhóspitos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario