Y esta vez se había ido para siempre.
La casa estaba revuelta, se había ido con prisa. La llamó, pero nadie cogió el teléfono.
Esa casa había sido cálida, pero ahora se estaba tornando de un frío atormentante.
Buscó por todos los rincones, pero no había nota que lo explicase, que explicase qué había hecho mal. Nada.
Aún quedaban restos de su fragancia por los pasillos, y alguna camiseta tirada que no le había dado tiempo a meter en su maleta.
Volvió a llamar, ésta vez saltó el contestador. Ahora había apagado el teléfono.
Se le pasará, pensó. No puede haberse ido así, sin decirme nada. Seguro que volverá, cuando el enfado se le haya pasado.
Intentó no angustiarse más de lo que estaba empezando a angustiarse.
Se puso a jugar a la play con los pies encima de la mesa, a modo de pequeña venganza hacia lo que siempre le había prohibido hacer. Pero no tenía gracia si no estaba ella para enfadarse con el y regañarle.
Maldijo. Haría otra cosa, pensó.
Un amigo le invitó a tomar una cerveza en un local. Accedió. Pensó que tal vez al volver a casa ella ya habría regresado y no le encontraría allí sufriendo por su aparente abandono.
La buscó por todo el local con la mirada, pero nada, ni rastro de ella. La cerveza se le hizo eterna y en cuanto la acabó regresó a casa en busca de su presencia. Pero para su sorpresa y desesperación no había vuelto.
Ésta vez estaba siendo todo diferente. Debió sospecharlo cuando vio que se había llevado toda su ropa, y sus pertenencias. No era como otros enfados. Éste estaba yendo totalmente en serio.
Entonces recordó sus palabras:
-La próxima vez me iré de verdad y no volverás a saber de mí. No volveré a casa como estás acostumbrado. Me perderás.
¿Estaba siendo ésta esa vez? ¿Era cierto que no iba a volver?
No quería ni imaginarlo, la ansiedad le comía por dentro. no sabía ni qué hacer.
Empezó a atormentarse pensando en cosas que debería haber hecho y no hizo.
Tal vez debía haberle dicho que la quería con más frecuencia. Ella siempre ansiaba escucharlo y él nunca lo mencionaba. "Deberías saberlo" le contestaba siempre.
Hacía tiempo que ella había dejado de sonreír, y él ni siquiera se había dado cuenta. Pero ahora estaba pensando en ello. Pensó en cuándo había sido la última vez que había visto su sonrisa, y se quedó callado en la penumbra cuando recordó que por lo menos más de 6 meses.
Ella aguantaba que llegara a casa de mal humor tras un duro día de trabajo, y le preparaba la cena y el ni siquiera daba las gracias.
Se había acostumbrado a que eso fuese así.
Apenas la besaba. Estaba más que acostumbrado a sus besos. Pero ahora los estaba empezando a necesitar con grave urgencia.
Había pasado tantas cosas por alto.. Ahora lo entendía todo. Sentía como su respiración se entrecortaba al comprender la magnitud del problema.
Se había cansado de esperar. De esperar a que un día le saliese decirle algo bonito. De esperar un detalle por parte de él.
Cansada de esperar a que él se empezase a tomar un poco en serio aquella relación.
Que por una vez le regalase un ramo de flores.
O simplemente que viniese y desease hacerle el amor.
Salió de casa con idea de decirle que se había equivocado, que la necesitaba en su vida, que no volvería a suceder. Que volviese a casa junto a él, que deseaba hacerla feliz.
Pero no estaba en ninguna parte.
No estaba ni en las calas, ni en aquel banco frente al mar, ni siquiera en aquel parque.
Se había ido para no volver.
Pasaron días, semanas y meses y no supo nada de ella.
Él había dejado de lado todo. Ya no salía, apenas comía. Había perdido 7 kilos. Tenía sueños diarios en los que soñaba que ella regresaba. Le daba miedo abrir los ojos cada mañana.
Había pasado 1 año y 5 meses. Y entonces la vio.
La vio por casualidad. Pero la vio.
Él había asistido por obligación a una de esas cenas de empresa, en otra ciudad.
Ella iba de la mano de alguien alto y apuesto. Y sonreía. Sonreía de verdad.
Llevaba un vestido que nunca le había visto en el armario. A pesar de que ella ya lo había comprado estando con él, solo que como de costumbre, él ni la había mirado cuando se lo enseñó.
Estaba realmente elegante.
Su acompañante se acercó a sus labios y la besó. ¡La había besado! ¡Pero bueno! Esto ya era el colmo.
Pero entonces recordó que ella ya no era nada suyo. Que él tenía la culpa de no ser aquel afortunado que estaba disfrutando de su presencia. No podía culparle de haber encendido aquel brillo en sus ojos, ese mismo brillo que él apagó.
Sigilosamente abandonó el local sin que ella le viese, no quería que le viese mirándola fijamente con lágrimas en los ojos.
Pero ella le había visto y su cara se volvió preocupada y triste. El chico que la acompañaba se percató de que era por aquel hombre que habían visto huir desesperadamente.
Le preguntó que quién era aquel hombre. Que si le conocía.
Ella respondió con un casi imperceptible "No, no le había visto nunca" mientras por dentro pensaba que era ese hombre que ella había deseado que fuese el hombre de su vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario