Aquel callejón solo deja algún que otro destello, como recordatorio de la purpurina que una vez pisé.
La gente sigue gritando a mi alrededor y ya no sé si los oigo, estoy empezando a hacer oídos sordos, y ha empezado a darme todo igual. Pero murmullan alto, no se callan.
Hoy llueve, y te juro, que sólo por llevarte la contraria, aunque sea mentalmente, he cogido un paraguas...Hoy no me da la gana mojarme si no estás tú para mojarte a mi lado.
Yo he sido la loca que iba en tirantes un día de tormenta cantando a pleno pulmón, mientras las gafas estaban empapadas y me impedían ver. Quizá era eso, que nunca quise ver.
Tal vez la base de mi felicidad siempre fue mi ignorancia.
Voy por el lado equivocado a ver si apareces a echarme la bronca y abrirme los ojos con tus consejos que hacen que todo vaya bien, espero impaciente.
Se me acaba de repetir la hora, y yo ya no sé si también estoy perdiendo la noción del tiempo.
Siempre que anochece, cuando miro el reloj son las 23:23, y ya me está cansando. Siempre diré que el 23 es el mejor número, pero hay cosas que ocurren ciertos 23, que no le hacen justicia a ese número.
Y yo que siempre me repito (como las horas) ya no sé ni qué soy, ni si sigo siendo.
Sólo soy una sombra que cree saberlo todo, y nunca sabe de nada. Alguien que suele escribir, pero que jamás escribirá nada lo suficientemente bueno, alguien que nunca sabe ser igual que el resto.
Las excusas a estas alturas ya se me van agotando, es lo que tiene usar siempre las mismas, que se agotan, como yo. Y eso que tenía un gran repertorio.
Me falta un mes para los 20 y ya sé que no me van a sentar bien. Pero bueno, es un día 23, a ver qué ocurre esta vez.
. . .
No hay comentarios:
Publicar un comentario