25 mar 2014

*

Cuando dejas demasiadas cosas atrás, a veces sientes la necesidad de volver a ellas, de una forma u otra.
Yo vuelvo una y otra vez.
Nunca he sabido cómo cerrar una puerta, tirar la llave y olvidar en qué mar la he tirado. 
No se olvidar sin más, ya ves, parezco tonta, o lo soy. 
Tengo claro que yo sería la que se aferra a un clavo ardiendo, porque ya me he quemado unas cuantas veces, y oye, que no me suelto.
Vamos a jugar a ese juego en el que cuanto más sonríes más te follaría. Que todos los reproches sean de que aún nos queden polvos pendientes, y no existan más reproches que esos.
Que cuando diga algo estúpido me beses, y aunque yo sepa que lo que pretendes sea callarme la boca, me acabe haciendo hasta gracia.
He perdido la cabeza por ti, pero no es un reproche.
Quiero romper todos los relojes del mundo que no dejan de amenazarme con tu ausencia a cada minuto que pasa. Los destrozaría, trocito a trocito, no quedaría ni uno en perfecto estado.
Te besaría hasta que los labios se me cayesen a pedazos, y te haría el amor hasta perder la cuenta. Te haría fotos hasta que todas las tarjetas de memoria del mundo se agotasen. Bailaría contigo hasta que nos sangrasen los pies. 
Conduciría llevándote a donde tu quisieras, menudo placer.
Uf, cuantas cosas te haría.
Haría. A ti.
Entiéndase.

                                                                                             Que pena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario