19 nov 2013

Sadness

Hay palabras, que se te clavan en el alma. Pero a veces, lo que duele más son las palabras que no se dicen.
O esos momentos en los que las palabras no hacen falta, se puede ver el dolor, se puede palpar, se puede sentir, incluso me atrevería a decir que se puede oler, y saborear.
Si sigo soñando incluso despierta, es porque si no hubiese soñado nunca despierta, no habría soportado vivir la mitad de lo que he vivido.
Las consecuencias son estar en las nubes todo el día, pecar de despistada, e incluso a veces de falta de interés. Pero nada más lejos de la realidad, de verdad.
Si algún día me hablas y me ves que no me he enterado, ten un poquito de paciencia, bájame a la tierra con cuidado.
Siempre que oigo la palabra "heridas", me viene a la cabeza el típico rasguño que te haces en las rodillas cuando eres pequeña por haberte caído de la bicicleta.
Ojalá siempre fuesen de esas. Por desgracia las que más duelen, menos se ven, y menos entiende el dolor la gente. Y es que tendemos a restarle importancia a lo que no vemos, salvo cuando se trata de nosotros mismos. Nos la suda literalmente lo que la gente piense o diga, o eso decimos, pero que no subestimen nuestro dolor. Eso si que no.
El dolor es ese escalofrío que te hace temblar por dentro mientras sientes como algo muy dentro de ti se rompe en pedazos, y cada pedacito se clava en lo más profundo de ti.
Si encima ese dolor está mezclado con el miedo, algo se adueña de tu estomago, sientes que no podrías comer nada en un mes por lo menos, la cabeza te da vueltas, el frío te da un golpe fuerte en la cara, y no sientes las extremidades. Posiblemente hasta estés llorando, pero ni te has dado cuenta, se te quiebra la voz y no eres capaz de pensar con claridad.
Solo quieres que se acabe lo más pronto posible, ya mismo, está hasta tardando en acabar. Pero esa agonía no acaba, solo ha hecho que empezar. Y lo sabes.
Si me descuido, estoy hasta temblando.
Quieres que acabe, pero es que cuando todo acabe, estarás acabado tú también. Piensas en cosas que puedan solucionar lo que está ocurriendo, pero es que ya es tarde para todas las posibles cosas que se te ocurran. Demasiado tarde. Siempre.
¿Y sabes qué es lo peor? Que de lo que quieres escapar es de pensar todo lo que estás pensando, todo lo que estás sintiendo, y eso, es precisamente de lo único que no puedes huir, de ti mismo.
Tal vez pruebes a correr sin pensar, sin querer mirar hacia atrás, conducir no te lo aconsejo, una y no más.
Vas como en piloto automático por un camino que ya sabes de sobra, y te tiembla todo.
Y duele. Claro que duele.
Odiarás cada vez que te mencionen que no llores, que todo pasará, que no es nada, o cualquier elemento que le reste importancia a lo que te esté pasando.
Y es que muy poca gente se sitúa a tu lado y te dice, sé lo que es, lloremos juntos, o habla, habla y no calles, suelta todo lo que sea que tengas dentro, incluso si solo quedan estalactitas de hielo o vacíos, o nada.
Yo soy esa persona que puedes ver que se lame sus propias heridas...echándole sal.
Si algo me duele o algo me da miedo, me martirizo una y otra vez. Y qué tortura.
Cuando te dicen "estaré aquí para lo que necesites" 
Y si lo que necesito es escapar de mi durante al menos unas horas, ¿qué?
Bueno, aprendí a huir de mi cuerpo cuando no podía más, no sé a dónde acabo yendo con mi mente, normalmente a mis planes o lugares favoritos, si es que he podido escapar esa vez. A veces puedes, otras no.
Trastorno de despersonalización creo que lo llamaron.


No hay comentarios:

Publicar un comentario