20 nov 2014

Corazón coraza

Posiblemente nunca leas esto, posiblemente nunca lo sepas, posiblemente no me importe.
Nos conocimos deprisa y a madrugadas, nos comíamos la noche y lo que se nos echase encima, nos sangraban los labios, nunca estábamos demasiado cerca.
Soñamos con París, Roma, Florencia y Venezia, pero en un abrir y cerrar de ojos, volvimos a la realidad, a los pies en la tierra, y me devolviste a la realidad como quien despierta a otra persona con un cubo de agua fría por encima.
Vuelvo a escribir, sí, vuelve la chica triste y melancólica, esa que solo va a saber decir estupideces y la que va a aumentar mucho más su colección de libros.
Será tan tonta que leerá libros en los que te busque, y en los que se busque, en los que quiera encontrar respuestas a cosas de las que ni siquiera ha formulado preguntas.
Creerá verte en todos los personajes, en todas las películas que hablen de amor, pero ni más lejos de la realidad.
Condenada a reconocer tu olor cuando menos desee, a recordar tonterías que solías hacer, o decir, o pensar.
Triste amargura bajo una coraza que todos creerán, porque nunca mentí ni mentiré tan bien como ahora. Te ha sido tan fácil rendirte y creerte todo.
No serías para mí si te has rendido tan fácilmente me repito.
yo nunca dejé de intentarlo. Yo no me rendí.
Ahora no me rindo, ahora decido, elijo. Y te duele que no sea a ti. Pero es que no te elijo ni a ti ni a nadie.
Me elijo a mi, que me lo merezco, que siempre he estado conmigo y nunca me he valorado lo suficiente.
Soy fría, egoísta y orgullosa. Pero eso tu lo sabías desde el segundo en el que me conociste.
Tu has sacado mi orgullo al máximo y lo has elevado al cuadrado. Pero se te ha olvidado dividirlo entre dos 
Y eso que las matemáticas nunca han sido lo mio.
Ahora dirán o dirás que no te he querido, que te he olvidado a la primera de cambio, que nunca me importaste, y cien mil cosas más que podría escribirte.
Me.Da.Igual.
A la mierda tu y lo correcto.

Hoy me toca a mi.




25 mar 2014

*

Cuando dejas demasiadas cosas atrás, a veces sientes la necesidad de volver a ellas, de una forma u otra.
Yo vuelvo una y otra vez.
Nunca he sabido cómo cerrar una puerta, tirar la llave y olvidar en qué mar la he tirado. 
No se olvidar sin más, ya ves, parezco tonta, o lo soy. 
Tengo claro que yo sería la que se aferra a un clavo ardiendo, porque ya me he quemado unas cuantas veces, y oye, que no me suelto.
Vamos a jugar a ese juego en el que cuanto más sonríes más te follaría. Que todos los reproches sean de que aún nos queden polvos pendientes, y no existan más reproches que esos.
Que cuando diga algo estúpido me beses, y aunque yo sepa que lo que pretendes sea callarme la boca, me acabe haciendo hasta gracia.
He perdido la cabeza por ti, pero no es un reproche.
Quiero romper todos los relojes del mundo que no dejan de amenazarme con tu ausencia a cada minuto que pasa. Los destrozaría, trocito a trocito, no quedaría ni uno en perfecto estado.
Te besaría hasta que los labios se me cayesen a pedazos, y te haría el amor hasta perder la cuenta. Te haría fotos hasta que todas las tarjetas de memoria del mundo se agotasen. Bailaría contigo hasta que nos sangrasen los pies. 
Conduciría llevándote a donde tu quisieras, menudo placer.
Uf, cuantas cosas te haría.
Haría. A ti.
Entiéndase.

                                                                                             Que pena.

29 ene 2014

23

Aquel callejón solo deja algún que otro destello, como recordatorio de la purpurina que una vez pisé.
La gente sigue gritando a mi alrededor y ya no sé si los oigo, estoy empezando a hacer oídos sordos, y ha empezado a darme todo igual. Pero murmullan alto, no se callan.
Hoy llueve, y te juro, que sólo por llevarte la contraria, aunque sea mentalmente, he cogido un paraguas...Hoy no me da la gana mojarme si no estás tú para mojarte a mi lado.
Yo he sido la loca que iba en tirantes un día de tormenta cantando a pleno pulmón, mientras las gafas estaban empapadas y me impedían ver. Quizá era eso, que nunca quise ver.
Tal vez la base de mi felicidad siempre fue mi ignorancia.
Voy por el lado equivocado a ver si apareces a echarme la bronca y abrirme los ojos con tus consejos que hacen que todo vaya bien, espero impaciente.
Se me acaba de repetir la hora, y yo ya no sé si también estoy perdiendo la noción del tiempo.
Siempre que anochece, cuando miro el reloj son las 23:23, y ya me está cansando. Siempre diré que el 23 es el mejor número, pero hay cosas que ocurren ciertos 23, que no le hacen justicia a ese número.
Y yo que siempre me repito (como las horas) ya no sé ni qué soy, ni si sigo siendo.
Sólo soy una sombra que cree saberlo todo, y nunca sabe de nada. Alguien que suele escribir, pero que jamás escribirá nada lo suficientemente bueno, alguien que nunca sabe ser igual que el resto.
Las excusas a estas alturas ya se me van agotando, es lo que tiene usar siempre las mismas, que se agotan, como yo. Y eso que tenía un gran repertorio.
Me falta un mes para los 20 y ya sé que no me van a sentar bien. Pero bueno, es un día 23, a ver qué ocurre esta vez.

.        .        .

27 dic 2013

Da svidánia

No está.
Y esta vez se había ido para siempre.
La casa estaba revuelta, se había ido con prisa. La llamó, pero nadie cogió el teléfono.
Esa casa había sido cálida, pero ahora se estaba tornando de un frío atormentante.
Buscó por todos los rincones, pero no había nota que lo explicase, que explicase qué había hecho mal. Nada.
Aún quedaban restos de su fragancia por los pasillos, y alguna camiseta tirada que no le había dado tiempo a meter en su maleta.
Volvió a llamar, ésta vez saltó el contestador. Ahora había apagado el teléfono.
Se le pasará, pensó. No puede haberse ido así, sin decirme nada. Seguro que volverá, cuando el enfado se le haya pasado.
Intentó no angustiarse más de lo que estaba empezando a angustiarse. 
Se puso a jugar a la play con los pies encima de la mesa, a modo de pequeña venganza hacia lo que siempre le había prohibido hacer. Pero no tenía gracia si no estaba ella para enfadarse con el y regañarle. 
Maldijo. Haría otra cosa, pensó.
Un amigo le invitó a tomar una cerveza en un local. Accedió. Pensó que tal vez al volver a casa ella ya habría regresado y no le encontraría allí sufriendo por su aparente abandono. 
La buscó por todo el local con la mirada, pero nada, ni rastro de ella. La cerveza se le hizo eterna y en cuanto la acabó regresó a casa en busca de su presencia. Pero para su sorpresa y desesperación no había vuelto. 
Ésta vez estaba siendo todo diferente. Debió sospecharlo cuando vio que se había llevado toda su ropa, y sus pertenencias. No era como otros enfados. Éste estaba yendo totalmente en serio.
Entonces recordó sus palabras: 
-La próxima vez me iré de verdad y no volverás a saber de mí. No volveré a casa como estás acostumbrado. Me perderás.
¿Estaba siendo ésta esa vez? ¿Era cierto que no iba a volver?
No quería ni imaginarlo, la ansiedad le comía por dentro. no sabía ni qué hacer.
Empezó a atormentarse pensando en cosas que debería haber hecho y no hizo. 
Tal vez debía haberle dicho que la quería con más frecuencia. Ella siempre ansiaba escucharlo y él nunca lo mencionaba. "Deberías saberlo" le contestaba siempre.
Hacía tiempo que ella había dejado de sonreír, y él ni siquiera se había dado cuenta. Pero ahora estaba pensando en ello. Pensó en cuándo había sido la última vez que había visto su sonrisa, y se quedó callado en la penumbra cuando recordó que por lo menos más de 6 meses.
Ella aguantaba que llegara a casa de mal humor tras un duro día de trabajo, y le preparaba la cena y el ni siquiera daba las gracias.
Se había acostumbrado a que eso fuese así.
Apenas la besaba. Estaba más que acostumbrado a sus besos. Pero ahora los estaba empezando a necesitar con grave urgencia. 
Había pasado tantas cosas por alto.. Ahora lo entendía todo. Sentía como su respiración se entrecortaba al comprender la magnitud del problema. 
Se había cansado de esperar. De esperar a que un día le saliese decirle algo bonito. De esperar un detalle por parte de él. 
Cansada de esperar a que él se empezase a tomar un poco en serio aquella relación. 
Que por una vez le regalase un ramo de flores.
O simplemente que viniese y desease hacerle el amor.
Salió de casa con idea de decirle que se había equivocado, que la necesitaba en su vida, que no volvería a suceder. Que volviese a casa junto a él, que deseaba hacerla feliz.
Pero no estaba en ninguna parte. 
No estaba ni en las calas, ni en aquel banco frente al mar, ni siquiera en aquel parque.
Se había ido para no volver.
Pasaron días, semanas y meses y no supo nada de ella.
Él había dejado de lado todo. Ya no salía, apenas comía. Había perdido 7 kilos. Tenía sueños diarios en los que soñaba que ella regresaba. Le daba miedo abrir los ojos cada mañana.
Había pasado 1 año y 5 meses. Y entonces la vio.
La vio por casualidad. Pero la vio.
Él había asistido por obligación a una de esas cenas de empresa, en otra ciudad. 
Ella iba de la mano de alguien alto y apuesto. Y sonreía. Sonreía de verdad. 
Llevaba un vestido que nunca le había visto en el armario. A pesar de que ella ya lo había comprado estando con él, solo que como de costumbre, él ni la había mirado cuando se lo enseñó.
Estaba realmente elegante. 
Su acompañante se acercó a sus labios y la besó. ¡La había besado! ¡Pero bueno! Esto ya era el colmo. 
Pero entonces recordó que ella ya no era nada suyo. Que él tenía la culpa de no ser aquel afortunado que estaba disfrutando de su presencia. No podía culparle de haber encendido aquel brillo en sus ojos, ese mismo brillo que él apagó.
Sigilosamente abandonó el local sin que ella le viese, no quería que le viese mirándola fijamente con lágrimas en los ojos.
Pero ella le había visto y su cara se volvió preocupada y triste. El chico que la acompañaba se percató de que era por aquel hombre que habían visto huir desesperadamente.
Le  preguntó que quién era aquel hombre. Que si le conocía.
Ella respondió con un casi imperceptible "No, no le había visto nunca" mientras por dentro pensaba que era ese hombre que ella había deseado que fuese el hombre de su vida.






15 dic 2013

Áurea

Pelo largo, moreno y liso.
De ese que se mueve al compás de sus caderas, al ritmo de su cuerpo.
Ojos verdes, de un verde hechizante, eléctrico.
Ella de por sí sola desprende sensualidad, de esa que te hace no poder dejar de desearla.
Es alta, justo en la medida perfecta; Si se pone vestidos largos, Afrodita. Si se pone vestidos cortos, se quedan al descubierto sus perfectas piernas.
Piel suave como el raso, con su inconfundible olor a otoño, o tal vez a galán de noche.
Cuando te toca despierta todos tus sentidos.
No necesita pintalabios, sus labios son del color del rubí.
No conseguirás zafarte de su mirada. Tal vez se ponga rímel y te mirará con la dureza del diamante, mientras va destrozando tus muros inútilmente colocados.
Puede hacer que ardas como si en el mismísimo Valle de la muerte te hallaras (para que te hagas a la idea unos 55ºC) y te sobrase hasta tu propia piel, o como si estuvieras en el corazón de la Antártica (calcúlale que unos -93ºC)
Tú eliges qué prefieres.
Cada paso que da cuando camina es un puñetazo en tu corazón.
Lo que hace que sea inevitablemente atractiva es que es consciente de ello, ella lo sabe.
Parece estar siempre sonrojada y ser tímida, pero ni te llegarías a imaginar los límites de su atrevimiento. Sencillamente porque no tiene límites.
Rompe todos los prototipos y estereotipos.
Camina sinvergüenza.
Cuidado si sonríe.
Cuando se desnuda te quita la poca cordura que te quedaba.
Aunque te destroce y tú lo sepas, la buscarás, desearás que se cruce aunque sea por casualidad aunque sea una vez en tu vida.
Maldecirás su nombre, bendecirás su presencia.

19 nov 2013

Sadness

Hay palabras, que se te clavan en el alma. Pero a veces, lo que duele más son las palabras que no se dicen.
O esos momentos en los que las palabras no hacen falta, se puede ver el dolor, se puede palpar, se puede sentir, incluso me atrevería a decir que se puede oler, y saborear.
Si sigo soñando incluso despierta, es porque si no hubiese soñado nunca despierta, no habría soportado vivir la mitad de lo que he vivido.
Las consecuencias son estar en las nubes todo el día, pecar de despistada, e incluso a veces de falta de interés. Pero nada más lejos de la realidad, de verdad.
Si algún día me hablas y me ves que no me he enterado, ten un poquito de paciencia, bájame a la tierra con cuidado.
Siempre que oigo la palabra "heridas", me viene a la cabeza el típico rasguño que te haces en las rodillas cuando eres pequeña por haberte caído de la bicicleta.
Ojalá siempre fuesen de esas. Por desgracia las que más duelen, menos se ven, y menos entiende el dolor la gente. Y es que tendemos a restarle importancia a lo que no vemos, salvo cuando se trata de nosotros mismos. Nos la suda literalmente lo que la gente piense o diga, o eso decimos, pero que no subestimen nuestro dolor. Eso si que no.
El dolor es ese escalofrío que te hace temblar por dentro mientras sientes como algo muy dentro de ti se rompe en pedazos, y cada pedacito se clava en lo más profundo de ti.
Si encima ese dolor está mezclado con el miedo, algo se adueña de tu estomago, sientes que no podrías comer nada en un mes por lo menos, la cabeza te da vueltas, el frío te da un golpe fuerte en la cara, y no sientes las extremidades. Posiblemente hasta estés llorando, pero ni te has dado cuenta, se te quiebra la voz y no eres capaz de pensar con claridad.
Solo quieres que se acabe lo más pronto posible, ya mismo, está hasta tardando en acabar. Pero esa agonía no acaba, solo ha hecho que empezar. Y lo sabes.
Si me descuido, estoy hasta temblando.
Quieres que acabe, pero es que cuando todo acabe, estarás acabado tú también. Piensas en cosas que puedan solucionar lo que está ocurriendo, pero es que ya es tarde para todas las posibles cosas que se te ocurran. Demasiado tarde. Siempre.
¿Y sabes qué es lo peor? Que de lo que quieres escapar es de pensar todo lo que estás pensando, todo lo que estás sintiendo, y eso, es precisamente de lo único que no puedes huir, de ti mismo.
Tal vez pruebes a correr sin pensar, sin querer mirar hacia atrás, conducir no te lo aconsejo, una y no más.
Vas como en piloto automático por un camino que ya sabes de sobra, y te tiembla todo.
Y duele. Claro que duele.
Odiarás cada vez que te mencionen que no llores, que todo pasará, que no es nada, o cualquier elemento que le reste importancia a lo que te esté pasando.
Y es que muy poca gente se sitúa a tu lado y te dice, sé lo que es, lloremos juntos, o habla, habla y no calles, suelta todo lo que sea que tengas dentro, incluso si solo quedan estalactitas de hielo o vacíos, o nada.
Yo soy esa persona que puedes ver que se lame sus propias heridas...echándole sal.
Si algo me duele o algo me da miedo, me martirizo una y otra vez. Y qué tortura.
Cuando te dicen "estaré aquí para lo que necesites" 
Y si lo que necesito es escapar de mi durante al menos unas horas, ¿qué?
Bueno, aprendí a huir de mi cuerpo cuando no podía más, no sé a dónde acabo yendo con mi mente, normalmente a mis planes o lugares favoritos, si es que he podido escapar esa vez. A veces puedes, otras no.
Trastorno de despersonalización creo que lo llamaron.


20 ago 2013

Se dice, se cuenta, se comenta..

Podría decirte todo lo que nunca he sido,
o lo que nunca creí haber sido,
lo que un día dije que nunca sería y fui, 
o lo que un día dije que sería y no soy
Lo que un día quise ser,
o lo que creía ser..

                                                                         .. O lo que soy.

Pero en realidad eso da igual. La gente tiende a comentar sobre cada persona, y para qué engañarnos, muchos creen esa versión aparentemente más tangible.
Y ni yo soy como era, ni como quizá sea en un año, o en 10, pero es que la vida pasa para todos y también con ella sus circunstancias, sus ostias y sus esperanzas.
Así que aunque todos mencionemos con bastante frecuencia "me conozco", en realidad lo pongo en duda a veces.
Una persona solo se conoce a sí misma cuando pasa ciertos límites. Cuando estás al límite de la situación, es cuando de verdad actúas como eres, sale el fondo de ti.
La vida me ha puesto al límite unas cuantas veces, y siempre creí ganar, pero no es así. 
No es así por una sencilla razón: Todos morimos.
Nunca ganas si al final mueres, tú, el, ella o yo. 
Mientras la vida pasa de persona en persona, de mano en mano, de aliento en aliento. Cuando alguien la pierde, otra persona la gana, y así sigue su curso.
Pero aunque no ganemos la guerra final, siempre podremos haber ganado batallas.

Que lo que no cuentan es que yo he visto el minuto exacto en que esas agujas del reloj dejaron de moverse.
Que yo he visto como el tiempo se paraba cuando osabas rozarme, o si te descuidas, mirarme.
Que cuentan más mis ojos que mis palabras es un hecho.
Que lo que siguen contando no deja de ser algo que desconocen.
Que a estas alturas del texto no sabes si acabas de conocerme o desconocerme un poco más.
Pero que por si acaso sigues leyendo.
Que me faltan manos para agarrar todas aquellas promesas que nunca cumplieron o yo dejé escapar. (Y que si escribiese en papeles, no habría quién me encontrase dentro de esta habitación)
Que lo que no cuentan es que prefiero llorarle a la almohada porque es la única que me llama estúpida a la cara.
Y así podríamos quedarnos hasta mañana.
O si me descuidas, tal vez hasta pasado mañana.

"Pero la vida siempre gana" @ladybloodymary

8 ago 2013

Compañeros

Estar sentada en la terraza, a la sombra y con un airecillo fresco que viene de vez en cuando. 
Ves y escuchas como se mueven las hojas y te da serenidad, tranquilidad, te dá que pensar.
Y aquí estoy otra vez, como cada vez que pienso en exceso y resulta que tengo tiempo y el ordenador en mis manos.
A lo largo de mis 19 años, he conocido mucha gente. También he estado en unos cuantos sitios, y he estudiado en más de un lugar.
Y siempre digo que hay cosas que podrían haber estado mejor, cosas que cambiar, pero lo mejor posiblemente de cada uno de esos lugares fue, es y será la gente.
Te encontrarás con compañeros a los que no soportes, otros que te hagan reír, y otros que lleguen incluso a cogerte cariño.
Yo cojo cariño a la gente enseguida, es verdad, pero es que algunos se hacen querer eh
A veces te sorprenden, porque a lo mejor los que en un principio no te caían tan bien, se convertirían en tus amigos.
Recuerdo cada primer día de cada lugar en los que he estudiado. Qué decir de la gente.
Las personas han hecho que cada sitio de todos, fuesen un pelín menos fríos, y que más de un día me levantase con ganas de ir solo por ellos.
Incluso de las relaciones, hay veces que lo mejor que te llevas cuando se acaban, son personas a las que has conocido dentro de ellas.
Es maravilloso cuando algún viejo compañero te pregunta cómo te va todo, ver que se acuerda de ti, si estás en la universidad o qué hiciste con tu vida.
Algunas chicas hoy en día son madres, otros compañeros se cansaron de estudiar, se pusieron a trabajar, otros se fueron a la universidad,..
Tal vez este año no estuve estudiando en lo que de verdad deseaba, pero siga el año que viene o no ahí, sin duda lo mejor que me llevo es a la gente tan maravillosa que conocí.
Quien me iba a decir a mí que conocería a gente tan estupenda y a la vez taan diferente entre sí.
El primer día ir más perdida que wally en un partido del atlético de madrid, y ver que hay dos chicas exaaactamente igual que tu, consuela oye. 
Una de ellas, mi eli, siempre estuvo para verme la cara todos los días y preguntarme que pasaba, y Bea, al final la traidorcilla nos abandonó por Criminología, que envidia tan sana ver que entraba en lo que de verdad quería.
Luego estuvo Gerh, apoyando todas y cada una de mis locuras por muy absurdas que fueran, y enseñándome a improvisar por Skype, porque no tenía ni puta idea de rapear, y se me había ocurrido la genial idea de decicarle a alguien una canción y solo tenía la base. 
Ay gerh, como conseguiste ganarte un trocito de mi corazón. Podría llamarte Dani, pero creo que preferirás que te llame así.
Cuando me regalaste aquella carta de cumpleaños el lunes porque mi cumpleaños había sido el sábado y eras uno de los pocos que sabía lo que me había pasado. Recuerdo tu indignación, creo que además estabas con Santiuve en el estudio cuando hablaste conmigo y te enteraste.
No me podía creer que esa carta fuese para mí. Con lo liadísimo que estabas en el estudio.
Y luego Jorge, ese marista, mi guitarrista favoritooo!!
Compartes conmigo esas ganas de estar con gente, de ayudar a hacerles sonreír, y es algo fascinante lo que haces. No sé cuántas veces te lo he mencionado a lo largo del curso, pero sospecho que unas cuantas.. jajaja
Cada vez que te preguntaba que harías ese fin de semana, a donde te irías, que programa tenías..
Tenías que verte la cara de fascinación y alegría cada vez que me lo contabas.
Pero sobretodo creo que una de las cosas que no olvidaré es tu famoso hashtag de #YOtrasFormasDeNoAprobarSociología.
Creo que eres el único del que me despedí exclusivamente. Sin saber si seguiría o no, tenía claro que no podía irme sin despedirme de ti..
Si me ves algún tweet que no te cuadra mucho enseguida me preguntas si pasa algo, y no veas qué detalle que te acuerdes de mí. 
Si por un casual termino primero de Sociología, sé que no estaré sola y perdida, que tú andarás por ahí y que seremos un par de repetidores locos.
Espero que el camino que sigas, sea el que sea, no te separe demasiado de mí, contactar contigo de alguna forma.
Quién me iba a decir a mí aquel día sentados en el club social cuando me dejaste tu ipod un momento, que estaríamos tan unidos después..
Infinitas gracias por cada una de las sonrisas que me has sacado a lo largo de todo el curso.

Dejando ya estos testamentos, no importa donde vaya, lo importante siempre será la gente que me acabe rodeando..



22 jul 2013

Cajita

Hace años decidí tener una cajita en la que guardar cosas para no olvidar jamás, y es que tendemos a cambiar nuestra forma de expresarnos y de pensar en el pasado. Y yo no quiero olvidarlo.
Si ahora recordase momentos del pasado, no los expresaría tal cual los sentía en ese momento, y con esa intensidad.
Hoy ordenando mi habitación, la he sacado de nuevo, y la he abierto.
En realidad tengo varias, pero las otras están en el sótano, las guardo pero no están a la vista. No es lo mismo que tirar todo aquello que una vez significó mucho para mí y me hizo ilusión.
Soy de esas personas que guardan pequeños detalles, e incluso el papel que ha envuelto el regalo si es algo especial. Tengo varios que como pone "Felicidades" y alguna cosa más, ahí están, guardaditos.
Por eso soy más de cosas emocionales que materiales, de esas que guarden significado.
Porque a la larga, las cosas se rompen, se gastan, pero el significado no. Alguna caja de algo he guardado también, no creáis que no.
Como he mencionado, la he abierto, y al abrirla he abierto cosas que nunca quise ni quiero olvidar.
Hay de todo. Cartas de esas que escribes en clase cuando te aburres, y que cuando hay cambio de asignatura o recreo, le das a tu amiga para que te conteste.
Cartas de algún familiar que se ha acordado de mí.
Felicitaciones de gente que en su momento me apreciaba por alguna razón.
Cartas de mi mejor amiga de Noruega, con sus super sellos y todo.
Un cd con mil recuerdos para pedirme perdón y retomar una amistad.
Cosas de alguien que no soy yo, que un día prometí guardar. Y obviamente he cumplido la promesa.
Hay cosas que han perdido su significado, hay muchos "para siempre" por ahi escritos que no sirven ya, muchos recuerdos que hoy en día sería imposible calcar.
Por eso lo guardo.
Es imposible que esos momentos y esas cosas que están dentro de la cajita puedan volver a ser iguales. Pueden ser similares, tal vez, si intentamos plasmarlas, pero ya no sería igual porque en su momento cuando sucedieron, no lo habíamos leído en ninguna parte, y no actuábamos como meros actores que interpretan un papel ya escrito, sólo nos limitábamos a hacer lo que sentíamos. Sin ningún guión.
Y es que si nos damos cuenta, las cosas más importantes de nuestras vidas, han venido sin guión.
Por eso nadie puede juzgar cómo has llegado a donde hayas llegado, porque todos hemos venido sin guión, y cada uno ha salido adelante y ha aprendido a su manera, como en su momento creyó que era lo mejor.
A veces la ignorancia es la mayor maldad y crueldad, porque cuando ignoramos ciertas cosas, o maneras de hacer ciertas cosas, o ignoramos como empatizar con otras personas, podemos llegar a hacer un gran daño.
Pero todo es aprender, equivocarse y mejorar.
Siempre habrá gente que cuando te equivocas, se larga definitivamente de tu vida, con intención de no regresar jamás, gente que cuando no actúas como ellos quisieran, olvidan que una vez te aseguraron o prometieron estar ahí y no dejarte tirada, gente a la que ahora saludas cordialmente, por tener educación, o que si te descuidas ni saludas porque poco más y si las miradas matasen, tú, en ese instante, ya habrías estado muerto.
Pero sobretodo siempre habrá alguien que a pesar de todo, de una forma u otra, siga ahí. Puede estar a tu lado, o no estarlo.Puede que ya no os tratéis de la misma forma, porque las cosas cambian, pero te hace ver que de una forma u otra sigue ahí, impaciente porque cuando te caigas te levantes, apoyándote con el corazón aunque no siempre te lo haga saber.
En pocas palabras: Que a pesar de todo, confíe en ti.
Incluso cuando a ti te flaqueen las fuerzas, y no confíes en  ti mismo. Seguirá ahí.

Mucha gente ha dejado huella y han marcado mi vida de una forma u otra. Pero nunca me arrepentiré de haber querido a todas y cada una de la forma que las he querido.
Creo que querer, siempre ha sido, es y será lo más importante para mí.

25 jun 2013

Kvothe

Aunque siempre era divertido ver trabajar a Trip, yo estaba distraído mirando un carromato que había entrado por el otro extremo del pueblo hacía cerca de un cuarto de hora.
El alcalde había discutido con el anciano que lo conducía y se había marchado como un vendaval. Vi que el alcalde volvía al carromato acompañado de un individuo alto y provisto de un largo garrote; si no me equivocaba, debía de ser el alguacil.
Me venció la curiosidad y me dirigí hacia el carromato, procurando que no me vieran. El alcalde y el anciano volvían a discutir cuando me acerqué lo suficiente para oírlos. El alguacil estaba a escasa distancia, con cara de irritación y nerviosismo.
—... dicho que no tengo licencia. No necesito licencia. ¿Los vendedores ambulantes necesitan licencia? ¿Los caldereros necesitan licencia?
—Usted no es calderero —argumentó el alcalde—. No intente hacerse pasar por lo que no es.
—No intento hacerme pasar por nada —le espetó el anciano—. Soy calderero y vendedor ambulante, y más que eso. Soy arcanista, pedazo de idiota.
—Con más razón —dijo el alcalde, obstinado—. Por aquí somos gente temerosa de Dios. No queremos saber nada de gente tonteando con cosas oscuras que es mejor dejar en paz. Los de su clase solo causan problemas.
—¿Los de mi clase? —repitió el anciano—. ¿Qué sabe usted de los de mi clase? Seguramente, hace cincuenta años que no pasa ningún arcanista por aquí.
—Y nos gusta que sea así. Dé media vuelta y márchese por donde ha venido.
—¡Y un cuerno! No pienso pasar la noche bajo la lluvia por culpa de un cazurro como usted —dijo el anciano, muy acalorado—. No necesito su permiso para alquilar una habitación ni para hacer negocios en la calle. Y ahora, déjeme en paz o comprobará de primera mano el tipo de problemas que podemos causar los de mi clase.
El miedo pasó fugazmente por el semblante del alcalde, pero la indignación lo sustituyó rápidamente. Le hizo una seña al alguacil y dijo:
—En ese caso, pasará la noche en el calabozo por vagancia y conducta amenazadora. Lo soltaremos por la mañana, si es que ha aprendido a dominar su lengua. —El alguacil fue hacia el carromato con el garrote al lado del cuerpo.
Sin moverse de donde estaba, el anciano levantó una mano. Una intensa luz roja surgió de las esquinas delanteras de su carromato.
—Ya hay suficiente —dijo en tono amenazador—. Si no, las cosas podrían ponerse feas.
Tras un momento de sorpresa, comprendí que esa extraña luz provenía de un par de lámparas simpáticas que el anciano había instalado en su carromato. Yo había visto esas lámparas en la biblioteca de lord Greyfallow. Daban una luz más intensa que las de gas, y más firme que la de las velas o las lámparas de aceite, y duraban casi eternamente. Además eran carísimas. Habría apostado a que en aquel pueblo nadie había oído hablar de ellas ni las había visto jamás.
El alguacil se paró en seco cuando la luz empezó a intensificarse. Pero como no parecía que pasara nada, apretó la mandíbula y siguió andando hacia el carromato. El rostro del anciano denotaba nerviosismo.
—Espere un momento —dijo al mismo tiempo que la luz roja del carromato empezaba a apagarse—. No me gustaría que...
—Cierra el pico, viejo charlatán —le cortó el alguacil. Agarró al arcanista por el brazo como si metiera la mano en un horno.
Como no pasó nada, se sonrió y se sintió más seguro de sí mismo—. Si es necesario, estoy dispuesto a darte una buena tunda para que no hagas más brujerías de esas.
—Así se hace, Tom —terció el alcalde, que rebosaba de alivio—. Llévatelo, y ya enviaremos a alguien a buscar el carromato.
El alguacil sonrió y le retorció el brazo al anciano. El arcanista se dobló por la cintura y, dolorido, dejó escapar un grito ahogado.
Agazapado en una esquina, vi que la expresión del anciano pasaba del nerviosismo al dolor y a la rabia en solo un segundo. Y le vi mover los labios.
Una violenta ráfaga de viento surgió de la nada, como si de pronto, sin previo aviso, hubiera estallado una tormenta. El viento sacudió el carromato del anciano, que se levantó sobre dos ruedas para luego caer de golpe sobre las cuatro. El alguacil se tambaleó y cayó al suelo, como si lo hubiera derribado la mano de Dios.
Incluso donde yo estaba escondido, casi a diez metros de distancia, el viento era tan fuerte que tuve que dar un paso adelante, como si me hubieran empujado bruscamente por la espalda.
—¡Fuera de aquí! —chilló, furioso, el anciano—. ¡No me atormentes más! ¡Le prenderé fuego a tu sangre y te invadirá un miedo frío como el hielo y duro como el hierro! —Esas palabras me resultaron vagamente familiares, pero no sabía de qué me sonaban.
El alcalde y el alguacil se dieron la vuelta y echaron a correr, con los ojos abiertos y enloquecidos como caballos espantados.
El viento cesó con la misma rapidez con que había empezado a soplar. La ráfaga no debió de durar más de cinco segundos. Como la mayoría de los vecinos se habían congregado frente a la taberna, no creí que nadie lo hubiera visto excepto yo, el alcalde, el alguacil y los asnos del anciano, que estaban completamente quietos e imperturbables en sus aparejos.
—Dejad este lugar limpio de vuestra repugnante presencia —masculló el arcanista mientras los veía marchar—. Por el poder de mi nombre ordeno que así sea.
Entonces comprendí por qué sus palabras me resultaban tan familiares: el anciano estaba citando unos versos de la escena del exorcismo de Daeonica. Poca gente conocía esa obra.
                 *             *              *
—Quizá me esté precipitando —dije tendiéndole una mano para que me la estrechara—, pero permítame ser el primero en darle la bienvenida a la troupe.
                *              *             *
...Pero sobre todo sentía curiosidad. Había visto a Abenthy hacer algo que yo no podía explicar, algo extraño y maravilloso. No me refiero a lo de las lámparas simpáticas; sabía muy bien que eso solo era teatro, un truco para impresionar a los pueblerinos ignorantes. Pero lo que había hecho después era diferente. Había llamado al viento, y el viento había acudido. Eso era magia, magia de la de verdad. La clase de magia de la que yo había oído hablar en las historias sobre Táborlin el Grande. La clase de magia en que no creía desde que tenía seis años. Ya no sabía qué creer.
Así que lo invité a unirse a nuestra troupe, con la esperanza de encontrar respuestas a mis preguntas. Aunque entonces no lo sabía, yo estaba buscando el nombre del viento.

18 jun 2013

Ignorance

Mucha gente a lo largo de tu vida presumirá de conocerte, pero ay, que ingenuos.
Tanta gente cree conocerme, que he perdido la cuenta. Otra cosa es la gente que de verdad lo hace.
Que como norma general mis mejores conversaciones son de madrugada, que nunca tomo café pero adoro el dulce aroma que desprende, en qué medida me importan unas cosas u otras, y cómo puedo llegar a doler.
No sé cuanta gente de verdad me conoce, y la que me ha conocido antes, posiblemente ahora no lo hará, yo misma soy consciente de que algo he cambiado, a mejor o a peor eso ya es otro tema.
Si me hablas de madrugada, posiblemente puedas conocerme algo mejor, no se porqué a esas horas parezco volverme más sincera.
No presumas de conocerme si juzgas mis mentiras sin conocer por qué lo he hecho, ni si me he pasado de sincera, sin haberme preguntado primero.
Podría resumirlo todo en que soy como soy por todo lo que he vivido, todo lo que ha sucedido en mi vida hasta hoy, y mil simplezas más. Pero a veces lo creo, y otras no. Esas otras veces creo que soy como soy, pues yo que sé, porque quiero ser así, o porque me sale solo. Incluso me ha dado por pensar muchas veces que en determinados momentos no tengo sentimientos.
Piensa en qué hay detrás de lo que ves, mi fachada posiblemente confunda, y ay, a veces divierte ver a esa gente que se cree lo que se queda de fachada.
Puedo ser muchas cosas que ni imagines, o ni siquiera yo. Puedo ser quien te intente salvar de caer al precipicio ofreciéndote mi mano, pero no olvides que también puedo retirarte esa mano si lo he visto necesario.
Puedo no hablarte de un día para otro así sin más si no me veo necesaria en ningún aspecto para ti en tu vida. O puedo ver que puedes estar perfectamente esté yo o no en tu vida, y que simplemente me apetezca quedarme.
Conmigo nunca se sabe.
Tranquilamente me cogería un vuelo sin conocer el destino hasta llegar, sin maletas, ni equipaje, sin cargas innecesarias, tan simple como soy.
A veces me dicen lo difícil que soy simplemente porque no cumplo sus expectativas, que lo sé yo.
Pero reconozco que ser impredecible como lo soy en ocasiones tiene que ser muy difícil de llevar para quien esté a mi lado.
Puedo romper con todo en cuestión de segundos si me da el venazo.
Antes presumía de que mucha gente me conocía, ahora me cuesta encontrar a alguien que de verdad me diga algo de mí porque lo haya visto, se haya dado cuenta, y no porque yo se lo haya dicho, o lo haya oído por ahí. Si me sorprendo porque me empieces a conocer disculpa, pero es una sorpresa, grata por supuesto, ver que me conoces algo, o que al menos estás intentándolo.
Me pierde el orgullo, pero no siempre. Si te vas y veo como cada paso que estás dando te aleja más de mí, solo hay dos opciones: O bien que me coma el orgullo a regañadientes porque estoy yendo hacia ti estirándote del brazo, y si es necesario pidiendo perdón, o bien me he quedado tan impactada que no mueva ni un músculo, ni un ápice de mi cara.
Si no pasa nada de esto será que directamente no observo como te vas, porque yo me estaré yendo en el sentido más contrario al que te estés dirigiendo tú.
Cometo muchos errores, y me disculpo, pero siempre siguen estando los errores, aunque me los reprocho en muchísimas ocasiones a mi misma, sinceramente.
Suelo ser alguien cercano, me gusta eso, pero si lo soy, y de pronto sin explicación estoy distante, SIEMPRE SIEMPRE hay un porqué. Aunque te mienta y te diga que no. Si es así por favor no me creas cuando te digo que no es nada. Te estoy mintiendo.
Si soy distante desde el primer momento, olvídalo. Posiblemente tenga motivos, y no te va a gustar oírlos.
Si me hieres el orgullo te romperé en pedazos, aunque sea sin querer. Si me siento atacada, no pregunto, actúo. ¿Entiendes ya por qué muchas veces cometo grandes errores?
He roto con todo una y mil veces, me he roto a mi misma y me he reconstruido, he roto con amistades, novios, e incluso familia. Soy de esas que prefieren estar solas que mal acompañadas. Ya ves, otra del montón.



22 may 2013

Levantarse

Llega ese momento de la noche en que has de escribir si o si, que se ha convertido casi en una necesidad, una manera más de desahogarte, y posiblemente la mejor.
Una luz tenue, un par de palabras en la mente, y un teclado, o boli y papel.
Podría hablar de tu singular belleza, de los exámenes que están a punto de llegar haciendo que me juegue todo al aprobado o nada, y de un sin fin de cosas más.
Pero esta noche no, hoy no.
Hoy me propongo hablar de los segundos existentes entre tu boca y la mía, las caricias no dadas, los sueños no soñados.
Que cada vez que se cae una pestaña, soplo con fuerza, a sabiendas que eso de que se cumpla el deseo depende única y exclusivamente de mí y no de soplar una pestaña o no. Pero aún así pasa como con todo, se intenta. Y no. No hay que intentar, hay que conseguir.
Alguien recientemente me dijo como respuesta a mi "lo intento", que no, que no lo intentase, que lo consiguiese, que lo hiciese. Y creo que está en lo cierto.
A menudo nos conformamos con intentarlo para después decir: Hice todo lo que pude, yo lo intenté..
Pero pocas veces luchamos por las cosas que verdaderamente ansiamos. Y he ahí el error.
Has de luchar por lo que de verdad quieras "como si tu vida dependiera de ello". Porque en el fondo, es así. Vida no tienes más que una, asique que menos que luchar por tus objetivos.
No esperes que venga nadie a resolverte la vida, porque la mitad no se molestan ni en resolver la suya. No dependas de nadie, es un consejo. Cuando te quitan lo que te han dado, duele, y la hostia precisamente pequeña no es, asique aprende a no aferrarte en esta vida a nada.
Hay personas que me dicen que agradezco demasiado y cosas similares. Pero verás, yo sé lo que es sentir como te quitan todo. De golpe. Sin preguntar. Y sin haber hecho nada para que pasase eso. Asique aprendí a valorar lo que hacen por mí y las molestias causadas. Los pequeños detalles son los más importantes, y para mí, son un mundo. Por suerte o por desgracia he tenido que oír muchas veces a lo largo de mi vida que "nadie da nada por nada". Asique agradezco enormemente a esas personas que me han enseñado que eso no es del todo así siempre, esas personas que hacen cosas por mí desinteresadamente, esas.
Si hablásemos de la distancia existente entre tu boca y la mia, cualquier distancia sería demasiada. Incluso aunque estuvieses a 1 cm. Ya estaría siendo demasiado. Quiero que al tocarte sepas que el mundo solo duele cuando tú no estás.
Y una y otra y otra vez, besarnos hasta que llegue a estorbarnos la piel hasta que los sentidos no sepan por qué. Y una y otra y otra vez hasta llegar a enloquecer, hasta que no exista más mundo
Si he de pedir pido, que nunca me falten motivos por los que luchar y seguir adelante, por los que levantarme cada mañana a buscarme la vida, por los que agradecer, por los que amar. Que tampoco me falten motivos para ver la vida ligeramente alocada, y como una gran aventura.
Cuando sientas que todo está perdido, párate un segundo antes de seguir caminando, y tras ese segundo, sigue. En ocasiones yo lo hago en busca de motivos que me hagan seguir adelante y no rendirme en ese mismo instante, y acaban apareciendo uno tras otro.
Aprendí a levantarme tras cada caída, a resurgir de mis cenizas con más fuerza, con más ganas.



16 may 2013

Inhóspito

Hoy ha sido un día...largo, extremadamente largo y duro.
No ayuda este maldito dolor de barriga que me dobla en dos y que no cesa.
Pasar la noche medio en vela por no encontrar una postura en la que poder conseguir descansar, despertarte y encontrarte la casa vacía, pero de un vacío extraño, vacío de calor humano.
Todos se encontraban en el hospital a excepción de mi hermana que estaba en el cole.
Me he vestido mentalizándome de ir a ver a mi madre el hospital, repitiéndome que todo iría bien, que estaría bien.
Odio los hospitales. Me parecen eso: Inhóspitos.
La única noticia buena por la que puedes ir allí es algún nacimiento. Repito, la única. Y para mi parecer es increíble que algo bueno pueda ocurrir en ese lugar. ¿Cómo puede suceder una muerte y un nacimiento en el mismo lugar? Qué irónico.
Siempre me parece ir algo deprisa con el coche, pero de camino al hospital, el camino se me hacía eterno, parecía que no iba a llegar nunca. Ni siquiera la música parecía sonar igual, apenas hacía caso. Solo quería una cosa, llegar a ese maldito lugar.
Las horas se te hacen eternas sentadas en esas comodísimas sillas, nótese la ironía. 
Me vuelvo especialmente insoportable en ese lugar. Tiene un efecto increíble en mí. Todo me molesta, todo me incordia. Nada me sienta bien.
La comida es poco más que repugnante, y las caras largas de los demás no ayudan. Todo tiene un aspecto distante, frío..
La espera sigue haciéndose eterna, e insoportable. No sé nada de mi madre y ya han pasado demasiadas horas.
Empieza a llover con fuerza. Joder, si cuando conducía hasta el hospital me moría de calor, como puede ser? 
Veo las nubes negras, y no para de tronar. Recuerdo en ese instante que mi madre tiene miedo a las tormentas, y una vez más vuelvo a preocuparme por ella. ¿Los estará oyendo desde donde esté?
Graniza y golpea con fuerza las ventanas del hospital. Si estaría ahí fuera me golpearían la cara, como si de bofetadas me estuviesen dando.
Bajo a la cafetería aun sabiendo que tengo que elegir con cuidado lo que tomo. Hay helados, patatas, y todo un sin fin de cosas prohibidas para mi en mi estado.
Desecho la idea de tomarme algo y decido subir de nuevo a la sala de espera. Pero una señora ligeramente angustiada me interrumpe los pensamientos y me pide ayuda. No es capaz de usar la cabina y tiene que llamar a un numero para comunicar una mala noticia. Sin pensarlo dos veces la ayudo y espero hasta que veo que puede hablar por fin con la persona que deseaba. En ese instante sale otra mujer llorando, partiéndome el alma con ese dolor que no quiere más que salir al exterior. 
Sigo intentando decirme mentalmente que todo va a ir bien.
Subo y por fin hay buenas noticias, todo ha ido bien y si expulsa la anestesia antes de las 10, vuelve de nuevo a casa.
Como no sé si eso pasará pronto o no, decido coger el coche y regresar a casa, pasando antes a recoger a mi hermana. Mi niña. Mi gran esperanza.
Logro por fin volver a verla tras mas de 24 horas. Viene corriendo hacia mi con los brazos abiertos y esa sonrisa tan encantadora. Cuando quiero darme cuenta ya la estoy estrechando entre mis brazos. Ya la tengo por fin de nuevo conmigo.
La llevo a casa, la ayudo con sus tareas del cole mientras escucho atentamente que tal le ha ido el día. Le preparo la cena mientras pongo sus dibujos favoritos en la tele, y cuando termina de cenar, le concedo el privilegio de estar en el sofá viendo un poco más la tele, porque recuerdo lo que me encantaba mi poder quedarme un poquito más. Al ratito, me doy cuenta de que se ha quedado frita. Se ha dormido con una sonrisa dibujada en su cara. Solo ella es capaz de embobarme así. La llevo en brazos a la cama, la acuesto, y por si acaso pongo sus dibujos allí, por si se despierta no se vea sola sin mamá al lado.
Pero no han pasado 15 minutos cuando veo que mamá vuelve a casa. Por fin, mamá. Ha sido un día largo y necesitaba tu presencia por casa. Todo empieza a funcionar mejor, salvo mi dolor de barriga, que empeora por jodidos momentos.
Veo la gente que se ha molestado en hablarme, para ver que tal todo. Gente esperada, y gente que no tanto.
Me alegran todas y cada una de ellas. 
Pero hay una que no. Lo sabía pero no ha preguntado nada. Aún así le hablo. Sé que no soy tan importante como lo es para mí, pero no puedo exigir que eso cambie.
Dura conversación que me deja aplacada.
Si supera cuanta falta me hace. Pero parece no darse cuenta. Intento no tenérselo en cuenta, tiene cosas más importantes seguro. Aunque quisiera, seguro que tampoco podría.
Millones de pensamientos me cruzan por la mente.
No puedo evitarlo.
No quiero ser como los hospitales.. tan.. inhóspitos.


3 abr 2013

Piruletas

Ya no sé si he sobrepasado esa fina línea entre insistencia y masoquismo
Tal vez lo que siempre me ha faltado es creer en mi misma
Sea como sea aquí sigo, escupiendo la misma rabia de antes, repitiéndome constantemente la palabra "egoísmo"
Por más jodidas vueltas que le doy siempre me quedo en el abismo, y es que ¿A qué se le llama ahora egoísmo?
Perdón si me repito, si nunca me quisiste y yo te idealicé. 
Todo el mundo me dice que nunca pienso mal de la gente, que no debería pensar así, que de tan buena soy tonta. Pero te juro que no sé ser de otra forma, que no veo los golpes venir, y eso me descoloca.
Nunca fui de protegerme en el tekken, siempre fui de apretar todos los botones esperando una combinación de esas poderosas. Pero en la vida, como en el juego, se trata de saber apretar qué botones y en qué determinado momento.
Perdón si mis te quieros no entraban en el minuto 59, si sigo dejando que pasen las horas y yo me quedo ausente, si no me importa la fecha en la que vivo, si eras tú el de los números..



No sé por qué pero las piruletas me saben a promesas.

30 ene 2013

Bienvenida ^^

Bueno, tras un tiempo sopesando la decisión, al final he decidido llevarla a cabo.. y aquí estoy, haciéndome un blog que espero no acabe abandonando y que como bien explico antes, espero también sirva para desahogarme y expresarme como creo que mejor sé hacer.
Seas quien seas, y hayas encontrado esto como sea, aunque tal vez haya sido hasta por casualidad, te doy las gracias por invertir parte de tu tiempo en este pequeño proyecto mío. Gracias :)
Espero que te guste, de corazón.